SEMANA DECISIVA EN UNA OPERACIÓN AÚN "INCIPIENTE"

¿Es Lukoil el socio que precisa Repsol?

Antonio Brufau ya es­tuvo a punto de cul­minar hace dos años una "joint ven­ture" con la pe­tro­lera rusa coin­ci­diendo con la en­trada de Sacyr

El presidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero
El presidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero

Que Repsol ne­ce­sita un socio mul­ti­na­cional es­ta­ble, que dis­ponga de co­piosas y se­guras re­servas de pe­tróleo sobre cual­quier otra con­si­de­ra­ción, es in­ne­ga­ble. Y con el ba­rril de crudo por de­bajo de 60 dó­lares y con su fi­lial YPF con­ver­tida en un au­tén­tico fiasco (ya lo fue desde el prin­ci­pio, cuando la ad­quirió contra toda ló­gica Alfonso Cortina bajo la ba­tuta de Aznar), este axioma es aún si cabe más dra­má­tico. Pero, ¿es la rusa Lukoil ese socio im­pres­cin­di­ble? Es muy dí­ficil res­ponder a esta pre­gunta, pero cabe de­ducir que, con los datos que son de al­cance pú­blico, el de­bate no es ocioso. Gobierno, opo­si­ción, ban­queros y di­rec­tivos de las em­presas in­vo­lu­cradas en la venta del 20% de Sacyr en la pe­tro­lera deben re­solver esta misma se­mana ése y otros mu­chos in­te­rro­gantes más. Y sería un error privar al país de este de­bate. Una cosa, sin em­bargo, está más que clara: los miem­bros del Gobierno de Zapatero, desde su pre­si­dente hasta sus mi­nis­tros com­pe­tentes en la cues­tión (Industria y Economía, sobre to­do), están de­mos­trando una total ca­rencia de li­de­razgo y agi­lidad en el ejer­cicio de sus fun­cio­nes. No saben o no quieren afrontar el pro­blema, y no es porque no se ad­mita (y se les diga) desde todos los frentes que el fu­turo de un sector tan es­tra­té­gico para España como es el ener­gé­tico está en en­tre­dicho con la ope­ra­ción.

La semana que comienza hoy es decisiva en la venta ("aún incipiente", según Juan María Nim, director general de la Caixa) del paquete accionarial del 20% que Sacyr Vallehermoso posee en Repsol. Todo indica que la constructora debe vender, por imposición contractual con el sindicato de bancos que hace dos años le prestó poco más de 5.200 millones para financiar en torno al 80% de la adquisición (el resto, hasta unos 6.000 millones, se hizo con dinero propio). Pero, comprensiblemente, la constructora que preside Luis del Rivero no quiere vender, a menos que le compensen el esfuerzo financiero realizado y, además, obtenga una plusvalía aceptable para la difícil situación que atraviesa el mercado financiero mundial. Eso implica que, con una cotización de Repsol en torno a 14 euros el pasado viernes, se le conceda una prima del 100%. Obviamente, para alcanzar tal objetivo existe un problema de partida, y algunos más colaterales. El paquete no es de control, a la vista de los vigentes estatutos societarios restrictivos (los accionistas sólo tienen derechos políticos hasta un máximo del 10%, al margen de que su participación sea más elevada). Pero ésa no es la cuestión. El problema es que a nadie con ese porcentaje, y más si se une a otros paquetes potencialmente aliados, se le pueden negar sus pretensiones si éstas son razonables, y menos no escucharlas. Tal no ha sido el caso de Sacyr, pero puede ser uno de los escollos, junto a la financiación, del éxito final de la venta del paquete a Lukoil.

Hasta ahora, el tándem Sacyr/Criteria-Caixa (segundo accionista en porcentaje pero que controla la gestión y el consejo) se ha llevado relativamente bien, al menos del consejo hacia afuera. Y todo indica, de hacer caso a las filtraciones procedentes del entorno del accionista catalán, que la relación con los rusos puede incluso ser de mayor provecho para la compañía si ésta se realiza en unas condiciones muy precisas y con cautelas. De hecho, su actual presidente, Antonio Brufau, negociaba con Lukoil una "joint venture" poco antes de la entrada de Sacyr en el capital en diciembre de 2006, cuyo objetivo era asegurar el suministro de petróleo y las reservas que, contrariamente a lo firmado con YPF, la empresa argentina no tenía o había agotado. La nueva gestión de la petrolera, tras el despido de Cortina, tuvo que realizar un enorme esfuerzo para primero clarificar al mercado la situación real y, después, sustituir a plazo reservas probadas por las inexistentes. Fue precisamente en ese contexto en que se trazó el objetivo de un acuerdo con Lukoil, pero está claro que los rusos exigían entonces (y quizás ahora) algo más que un mercado para su crudo. Por ejemplo, la adquisición de un10% del capital, aparte de una voz de peso en la gestión.

Dos años después estamos en el mismo sitio. Pero con un cambio de escenario radical. Existe una crisis financiera global, el crudo cae por debajo del precio que convierte en rentable la exploración arriesgada (Brufau situó el umbral en 80 dólares en América Latina en el Foro Latibex de esta semana pasada; la AIE lo coloca en 60 dólares de media), y a escala empresarial y accionarial, el equilibrio interno de Repsol se ha roto. Cabe entender en estas circunstancias que Criteria/Caixa diga que también ella quiere vender al precio de Sacyr y, en consecuencia, pueda resolver de paso alguno de los problemas que como el resto de entidades financieras españolas le ha generado la crisis de liquidez (Y, por cierto, las limitaciones de los fondos de ayuda a la banca establecidos por el Gobierno Zapatero).

Pero, al margen de los deseos y comprensibles intereses de los accionistas de Repsol, existe un problema en la idoneidad del socio elegido. No es muy transparente que se diga, al margen de la presencia financiera y tecnológica de la norteamericana Conoco Phillips. Y otro más peliagudo, de naturaleza político-estratégica, como puede ser la entrega, a plazo fijo, a una compañía extracomunitaria del control de una cuota del mercado de suministro de carburante tan importante como la que retiene Repsol en España. Amén de la importante presencia que aún dispone en América Latina y la participación de Repsol en Gas Natural (al parecer, ya solventado). Todo, la verdad, puede ser negociable y hasta beneficioso para los intereses españoles. Pero el mercado nacional es diferente y cabría imaginarse lo que puede pasar en este país si un día la "Madre Rusia" hace pasar a los consumidores españoles por lo que Gazprom hizo con los consumidores alemanes hace escasos inviernos, cuando les cortó sin contemplaciones el suministro de gas en una disputa sobre el precio.

La clave política es fundamental en esta cuestión. Y no hace falta, para darse cuenta de ello, escuchar las grandilocuentes palabras pronunciadas por Mariano Rajoy este fin de semana pasado ni las advertencias misteriosas de Felipe González desde allende el Atlántico. Si tiene información reservada, que la diga, en beneficio del país y de la transparencia. ¿O es que hablaba por boca de otros intereses en la materia? El futuro de Repsol puede considerarse, sin exagerar, un problema de interés nacional, y sobre esa premisa debería trabajar Zapatero. ¿Cómo? Él sabrá, y si no sabe, que llame a otro a que haga su trabajo. ¿No convocó a los banqueros a Moncloa? Puede hacer lo mismo en este caso, aunque lo haga en secreto. Nadie se lo reprochará. Y que busquen una solución... Haberlas, haylas. Que mire alrededor, por ejemplo. O que invente.

¿O será que necesita a Rusia para que le saque billete para la próxima cumbre del G-20?

 

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