TotalFina co­mienza a en­señar su pa­tita por si falla Lukoil, que se­gu­ra­mente fa­llará

Repsol y la teoría de las Matrioshkas

Antonio Brufau pro­clama que quien quiera con­trolar la pe­tro­lera, que lance una OPA por el 100%

Matrioshka
Matrioshka

Nunca mejor di­cho. Lo de la venta del 20% de Repsol en manos de Sacyr (y algo más si se ter­cia) se pa­rece cada vez más a las muñecas rusas co­no­cidas en todo el mundo con su nombre ori­gi­nal, 'matrioshkas'. Por fuera es sólo una, pero si se abre apa­rece otra. Y así su­ce­si­va­mente. Todo co­menzó con el in­terés de la rusa pú­blica Gazprom, des­ve­lado (al pa­re­cer, por un lap­sus) por el vi­ce­primer mi­nistro de la Federación Rusa tras en­tre­vis­tarse, ¡oh, ca­sua­li­dad!, con Miguel Sebastián en Madrid. Después apa­reció la pri­vada, tam­bién rusa, Lukoil. Parecía que en la ter­cera iba a venir la SEPI o el Estado sal­vando a to­dos. Y a medio abrir la cuarta, nos en­con­tramos con Totalfina, la se­mi­pú­blica fran­co-­belga. ¿Tendríamos razón cuando, sin co­menzar aún a jugar a las muñecas ru­sas, co­men­tá­bamos desde aquí que Gazprom ac­tuaba de lie­bre? Lo cierto es que el juego de las muñecas ha ser­vido para mu­chas co­sas. Primero, para forzar al Gobierno de Zapatero a pro­nun­ciarse en contra de una ope­ra­ción de Estado, de­fen­dida por su mi­nistro de Industria. Segundo, para saber que los bancos es­pañoles están tan ne­ce­si­tados como todos y que o am­plían ca­pital o venden ac­ti­vos, si es que no quieren que les con­trolen desde el poder po­lí­tico. Y, en tercer lu­gar, para fijar precio al margen de la Bolsa. Hoy ya se sabe que Lukoil, si aporta ga­ran­tías como se le re­clama, pa­gará menos de 28 eu­ros. Y, claro, si se baja ese pre­cio, pues lo más pro­bable es que la quinta muñeca nos des­cubra más ofertas y/o can­di­datos a la com­pra. Es de­cir, a menor ta­maño de la ma­trioshka, menos pre­cio. Sea como fuera, lo más im­por­tante de ayer es que, por fín, Antonio Brufau, que cree en el pro­yecto in­de­pen­diente de Repsol, se pro­nunció fi­nal­mente. Quien quiera con­trolar Repsol, dijo, que lance una OPA por el 100%. Por me­nos, in­cluso el 29,5%, dicho con todo res­peto, que se ciña a los es­ta­tutos de la com­pañía.

Brufau desveló su posición -después de un cauto y largo silencio- en la prematura fiesta de Navidad que todos los años celebra la petrolera en Madrid para los periodistas. Convocada con mucha anterioridad, se especuló que este año no vendría. Pero lo hizo, fresco como una lechuga, después de asistir a un consejo de administración en el que, como no puede ser de otra manera, ni se habló de la venta. Seguramente para no dar tres cuartos al pregonero, dada la composición variopinta del mismo. El caso es que el presidente de la petrolera hispano-argentina fijó su posición: una Repsol privada, independiente y controlada sólo por sus accionistas de referencia. El resto, aunque su posición accionarial sea del 29,5% (sic), se atendrá a la leyes de comercio, la ley de OPAs y a los estatutos y normas societarios, especialmente a su código de conducta. Tendrá representación en el consejo el nuevo socio, pero sólo podrá ser de capital público, como en el caso de Pemex, si aporta valor añadido a la sociedad. Y si es competidor, lo mismo, tendrá que aportar valor. Con estas condiciones, pues, prácticamente no se excluye a nadie -ni siquiera al Estado-, pero sí se limita su poder.

Y dicho esto, fijemos, a nuestro entender, la situación o matrioshka de cada uno de los actores en este libreto, sin duda tan interesante y trascendente como pudo hace menos de dos años ser la batalla de Endesa.

El accionista mayoritario. Sacyr Vallehermoso, con el 20% del capital y forzado por las condiciones del crédito internacional de 5.175 millones de euros que obtuvo de 48 bancos hace dos años, busca soluciones para afrontar el pago del servicio del préstamo y el cambio de condiciones del mismo ante la espectacular baja del precio de compra en Bolsa, que cae de un coste medio de unos 27 euros a menos de 15 por título. Hace unos cinco meses entrega un mandato de compra a la firma alemana Dresdner, que acude a todas las competidoras internacionales. La primera que responde es Lukoil, y no por casualidad. La firma rusa, poco antes de entrar Sacyr en diciembre de 2006, negociaba con Repsol una "joint venture" para proyectos de exploración y suministro de crudo que incluía un intercambio del 10% del capital. El consejo de administración, ya con tres miembros de Sacyr dentro, rechazó la propuesta. ¿Por qué? Había otras alternativas y estaba muy reciente el comportamiento de los rusos en la crisis del precio del gas suministrado a sus clientes más próximos, incluyendo Alemania. ¿Intervinieron, como dicen, el Gobierno y Miguel Sebastián? Casi todos lo niegan. Algunas versiones periodísticas dicen que sí, aunque se escudan en lo que dice el PP. Hay quien señala a otros intereses, como pueden ser algunos competidores y enemigos declarados de Sacyr y sus accionistas principales, Juan Abelló y Demetrio Carceller. No hay que olvidar que Sacyr protagonizó varios asaltos polémicos a diversas empresas y entidades, como fue Eiffage en Francia y el BBVA de Francisco González.

El precio,  el crédito y sus condiciones.- El caso es que Sacyr, que exige 28 euros por título en el cuaderno de venta a efectos de salir indemne de la aventura, ha cambiado hace dos semanas de broker. Ahora es el Citi. El crédito de 5.175 millones iniciales está al corriente de pago, pero hay compromisos y causas de fuerza mayor que cumplir antes del 31 de diciembre. Los primeros son de 500 millones de euros y la amenaza de garantías adicionales (su filial Testa puede ser pignorada definitvamente). Una solución alternativa propuesta por Citi sería vender su filial de autopistas Itínere y, de hecho, ya existe un preacuerdo con dicho banco, que lo trocearía entre varias concesionarias interesadas. Una de ellas es Abertis, donde están la Caixa y uno de sus competidores en concesiones, ACS (léase Florentino Pérez, March y Albertos). Pero hay un problema: no existe un acuerdo sobre el precio definitivo. Es una diferencia de entre 500 y mil millones de euros, una vez asumida la deuda asociada por los compradores. Sacyr quiere rentabilizar esta venta para salir del fiasco de Repsol sin vender, pero hay quien dice que esta enajenación le hubiese dado oxígeno para año y medio. Otros disienten: "Hoy, ni siquiera para dos meses". No debe ser del todo exacto: el mercado puede recuperarse e incluso el valor de Repsol, que, sin duda alguna vale mucho más de su capitalizaicón actual, e incluso estará por encima de los 28 euros.

Los banqueros del crédito y los del nuevo socio.- Son 48. Pero, ojo, hay diferencias entre unos y otros, según sus aportaciones. El sindicato lo dirigen Santander, Citi, Caja Madrid y Ceymen. Todos esperan a ver qué hace Sacyr, ya que el vencimiento de intereses es, parece ser, a mediados de diciembre; es decir, en dos semanas. Pero hay nerviosismo. Si baja la acción un 115% por debajo de los 28 dólares (es decir, hacia 12 euros), hay que reponer garantías, y lo de Itínere está bloqueado. Además, si la constructora no paga o no vende hay que provisionar, lo mismo que le ocurre a Sacyr, en balance. Es decir, admitir unas pérdidas en el ejercicio de entre 1.900 millones y 3.000 millones, caso extremo.

Está luego la Caixa, no incluida entre los 48. La caja catalana, además de querer vender una parte de su 15% (el que tiene con Caixa Catalunya en Repinves), en el caso de que entre Lukoil pretende actuar de financiador. Las razones están abiertas a la interpretación. Pero como ocurre con otros grandes bancos, su reacción ante la crisis financiera tiene una estrategia. Al no poder ampliar capital, como lo ha hecho el Santander, tiene dos opciones. O vende activos adquiridos a bajo precio y suma plusvalías, o acude a las subastas de liquidez. La oportunidad se ha presentado con Repsol, donde debe tener un precio medio de adquisición de ocho euros. La venta de un 5,5% le arreglaría el balance y el cuerpo a finales de año. Además, le daría liquidez y se beneficiaría de la financiación. También evitaría tener que acudir al Tesoro en busca de recursos, que serían sin duda más caros. Introduzcan el factor político, como la pérdida de control, y el cóctel es explosivo. ¿Está el PSC participando en la juerga de las presiones?

Los compradores. El caso de Lukoil y su aparición, ya está explicado arriba. Pero no todo. Teóricamente es un buen candidato desde el punto de vista de la lógica empresarial. Tiene petróleo en abundancia y ganas de abrirse a otros mercados. Es un buen compañero de viaje. Pero es ruso, está mal visto en la UE, se lo vincula con la mafia de Putin y su sistema político y económico heterodoxos  y, ¡oh, dios!, no tiene dinero ni rating. Pero es el único que está dispuesto a pagar el precio mínimo que exige Sacyr, 28 euros. No es de extrañar que a ese precio quiera vender también la Caixa/Criteria. También la Asociaicón de Pequeños Acionistas que preside el osado Javier Cremades. Claro que este abogado no debe de tener muchas acciones que vender. Al menos, no tantas como Criteria. Lukoil ha respondido que hoy contestará a la exigencia de poner más garantías que las propias acciones, aunque se habla de un plazo de quince días, el mismo que tiene Sacyr para salir del atolladero.

Si Lukoil no coloca garantías y además baja el precio, se entra en subasta..., hacia abajo. Y allí aparecen todas las demás. Digan lo que digan sus portavoces y sus presidentes. Totalfina ha dicho que a 24 euros entra. Pero los problemas que plantea Total (propuesta por Sarkozy, ¿devolución de la asistencia al G20 en Washington?) son muchos, ya que participa en Cepsa con un 48%. Competencia le dirá que no, y sólo una excepción, digamos, le daría pie a entrar en la subasta. Tendría que encontrar además un comprador para su 48% en Cepsa que, seguramente, sería de momento el Santander, que ya tiene el 33%. Lo que haría Botín luego con Cepsa sería de todo. Colocarla probablemente en el mercado, raudo y veloz, puesto que su 33% ya está en venta. De hecho, ha sido la imposibildiad de vender Cepsa lo que ha justificado su ampliaicón. Los tiempos que vienen son difíciles.

También habría que hablar de ENI, que ya pretendió comprar en 1999 y fue vetado por Aznar, el mismo que ha ayudado a ir a Rusia. Y de otros muchos más. Yo mismo, incluso, si me dan 9.000 millones de euros. Pueden obviamente pignorar las acciones y mi ordenador. Y hasta el perro que no tengo.

El Gobierno y la teoría de los sectores estratégicos, en el capitulo dos.

 

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