Monitor de EE.UU.

El des­equi­li­brio fiscal su­pera los 1,4 bi­llo­nes, el 10% del PIB

Clamor general para que Barak Obama frene el galopante déficit presupuestario

Los ana­listas no des­cartan un 'default' de al­gunos Estados de la Unión

Barack Obama
Barack Obama

El ele­vado dé­ficit pre­su­pues­tario de Estados Unidos está po­niendo ner­viosos a los in­ver­so­res, que quieren que el pre­si­dente Barak Obama dé pasos creí­bles para con­tro­larlo y re­du­cirlo. El dé­ficit fe­deral al­can­zará este año al­re­dedor del 10% del PIB, el equi­va­lente a 1,4 bi­llones de dó­la­res, y los 1,35 bi­llones el pró­ximo. Son ci­fras in­só­litas en Estados Unidos desde la Gran Depresión y su­peran con creces el lí­mite má­ximo que acon­sejan los eco­no­mistas del 3%. Entre in­ver­sores y ana­listas em­pieza a cir­cular la idea de que si el dé­ficit no se re­duce a unos ni­veles ma­ne­ja­bles en tres años el coste de la deuda po­dría ha­cerse in­sos­te­ni­ble.

El plan de Obama incluye medidas como la de congelar durante el trienio determinados programas y ahorrar 250.000 millones de dólares, una cantidad que los analistas han visto algo efectista y simbólica. El objetivo es que el saldo presupuestario en 2015 sea negativo en sólo 480.000 millones de dólares, una cifra que suscita ciertas dudas entre los expertos.

A pesar de los intentos en transmitir mensajes convincentes a los mercados, los inversores están empezando a hacerse cábalas sobre el mercado de bonos; piensan que las emisiones masivas de deuda soberana para financiar las políticas de estímulo pueden formar una burbuja o una crisis de la deuda que acabe provocando un escenario de estancamiento económico. Según los expertos, el mejor mensaje que puede conjurar estos análisis negativos es que Obama subraye su compromiso en reducir el déficit.

La prima de riesgo-país de la deuda del Tesoro estadounidense llegó a subir casi 44 puntos básicos en enero, el nivel más alto en siete meses, debido precisamente a las incertidumbres de algunos inversores sobre los mercados de bonos soberanos. La reciente crisis de Grecia y sus efectos sobre otros países como Portugal y España, han alimentado en las últimas semanas esos temores en los mercados de bonos y de divisas, registrándose fuertes oscilaciones de los índices bursátiles, con el Ibex 35 desplomándose casi un seis por ciento.

La prioridad manifestada por la Casa Blanca es el empleo, el objetivo inmediato en que trabaja el Presidente y su equipo económico, más que en un plan de reducción de gastos, que debería extenderse a Medicare, Medicaid y a la Seguridad Social, o de aumento de impuestos, según señalan algunos observadores.  

Estados Unidos no tiene bajo escrutinio su máxima calificación crediticia, pero entre los inversores hay dudas sobre cuánto tiempo puede  conservarse la AAA en un escenario macroeconómico que retrasara el objetivo de reducción del déficit. Por lo pronto, Moody's Investors Service ya ha aventurado una fecha: Estados Unidos puede perder la máxima calidad crediticia en los próximos años si no encauza el déficit.

Analistas de la agencia pronostican que si Obama baja la guardia en reducir el desequilibrio fiscal, el riesgo es que la economía acabe desembocando en una crisis como la japonesa en los 90: un largo período de estancamiento precedido de un crack bursátil por la burbuja inmobiliaria, que degeneró en una crisis bancaria y de la deuda. 

"Podemos acabar con un estancamiento económico, baja inversión privada y sin crecimiento, una situación como la de Japón", asegura un analista, que ve posible este escenario con un 20 por ciento de probabilidad, porcentaje "nada desdeñable".

 

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