MONITOR DE LATINOAMÉRICA

Preocupante re­tro­ceso del in­di­cador en Brasil, Argentina, Chile, Perú y México

La incertidumbre desmorona el clima de negocios en Latam

Incremento de la des­con­fianza en el rumbo eco­nó­mico y la ines­ta­bi­lidad po­lí­tica

Productividad en los negocios
Productividad en los negocios

Las ex­pec­ta­tivas eco­nó­micas en Latam y, en es­pe­cial, en sus prin­ci­pales mo­tores eco­nó­mi­cos, han re­gis­trado un fuerte de­te­rioro en los úl­timos tres me­ses, lo que hace temer por el vigor y du­ra­ción de la reac­ti­va­ción pos­t-­pan­de­mia. La caída del clima de ne­go­cios viene mo­ti­vada prin­ci­pal­mente por la falta de con­fianza en la po­lí­tica eco­nó­mica y la in­cer­ti­dumbre po­lí­tica, según la úl­tima en­cuesta de Fundación Getulio Vargas. Una in­cer­ti­dumbre que la pri­mera vuelta de las pre­si­den­ciales en Chile no ha hecho sino au­men­tar.

En los últimos tres meses, el ambiente de negocios empeoró en buena parte de las grandes economías regionales: Brasil, Argentina, Chile, Perú y México presentaron una perspectiva negativa. Brasil fue el país con peores resultados en el Indicador de Clima Económico (ICE), al bajar 63,4 puntos después de perder 55,1 entre el tercer y cuarto trimestre. Brasil vive un momento delicado por la alta inflación, que supera el 10% anual, una frágil recuperación económica tras la pandemia y un desempleo aún en niveles elevados (más del 13%), en medio de las dudas sobre la agenda fiscal del Gobierno Bolsonaro.

Aunque en menor grado que Brasil, también anotaron fuertes caídas Argentina (-25 puntos); Chile (-24,3); Perú (-20,8) y, en menor medida, México (-8,4). Todos registraron un empeoramiento tanto en los análisis de su situación actual como en la de expectativas, con excepción de Chile. Los otros cinco países evaluados, Ecuador, Uruguay, Colombia, Bolivia y Paraguay, lograron mejorar su clima de negocios. Ecuador avanzó 34,7 puntos, a 117,5, y el indicador progresó también en Uruguay (+33,2 puntos), Colombia (+33,2), Bolivia (+13,4) y Paraguay (+7,2). Estos países tienen un ICE en la zona favorable, por encima de 100 puntos, salvo Bolivia, cuya puntuación media se sitúa ahora en 87,3.

Inquietante deterioro

El ICE se obtiene a través de un análisis de expertos económicos de Latinoamérica, que ponderan los Indicadores de la Situación Actual (ISA) con los de Expectativas (IE) de diez países de la región. En el cómputo general, el ambiente para los negocios en Latinoamérica se desplomó desde 101,4 puntos a 80,6 puntos entre el tercer y este cuarto trimestre del año, lo que interrumpió la recuperación observada desde el segundo trimestre de 2020. Entre los motivos de esta caída, los expertos señalan la falta de confianza en la política económica (67%), la inestabilidad política (37%) y la corrupción (25%).

La pandemia ha ahondado no solo los tradicionales problemas estructurales que arrastran las economías de la región, sino que también ha deteriorado la gobernabilidad en Latam y generado una mayor inestabilidad y una pérdida de confianza que repercute en la reactivación. Recientemente, el empresario italo-argentino Paolo Rocca, CEO de Grupo Techint, señalaba que “si Latam no logra cambiar, en 10 años los países de la región van a ser ingobernables”, tras realizar una dura crítica al clima de negocios que impera en el área. “Hay que revalorizar al sector privado en Latam. No podemos seguir con países donde se aumenta el rol del Estado para sostener empleo informal y pobreza”, señaló.

Es algo sobre lo que vienen advirtiendo también los expertos internacionales, y que tuvo un primer aviso a navegantes con la conflictividad y protesta social desatada en Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia, Perú y Costa Rica meses antes de la pandemia, una situación que el Covid ha agravado, al empeorar las condiciones de vida en la región. Ya a finales de 2019, en varios países la población expresó en las calles su hartazgo por la injusticia y la desigualdad, la incapacidad de los políticos para solventar los problemas y la corrupción.

Deterioro de la gobernabilidad

En un reciente informe, el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile (Ceiuc), señalaba que Latam registra “un choque institucional por el cada vez menor nivel de confianza en las instituciones públicas. Las instituciones que son clave para la democracia, gobierno, poder judicial y Congreso, hoy no superan un 25% en su nivel de confianza”. Para Ceiuc, “uno de los elementos más importantes en riesgo político en la era post-pandemia será la incapacidad del Estado de responder a las demandas sociales en una área que sufre un triple 'shock': sanitario, económico e institucional”.

Se percibe con inquietud la posibilidad de otra ola de protestas en un momento en el que las arcas estatales están exhaustas, la deuda crece y las economías tienen débil desempeño. El informe dice temer un auge del populismo, con un mayor apoyo electoral a líderes autoritarios, y señala que la debilidad institucional afecta a la seguridad jurídica de los negocios y de la inversión.

También desde el Real Instituto Elcano se incide en los crecientes problemas de gobernabilidad. Esta institución resalta que la gobernabilidad en Latam ha sido otra víctima de la pandemia, que no sólo ha desencadenado una profunda crisis económica con un notable alza de la pobreza y la desigualdad, sino que también ha situado la recuperación de la estabilidad político-institucional como uno de los principales retos que debe afrontar la región a corto plazo. En los últimos tiempos y en los últimos procesos electorales se ha visto un persistente voto de castigo a los oficialismos y un deterioro de la gobernabilidad, fruto de una creciente desafección y malestar de la ciudadanía hacia las instituciones.

“La gobernabilidad se ha convertido en un bien escaso. Los gobiernos arrastran una doble debilidad. Política, al no contar con mayoría parlamentaria o apoyo legislativo suficiente y hallar dificultades para amplios consensos por la alta fragmentación y polarización. Y social, por la desafección ciudadana que alimenta movilizaciones. Los gobiernos aparecen desgastados, con bajo apoyo ciudadano y escaso margen de acción. Carecen de recursos financieros para afrontar las demandas de la población y los déficit sociales y económicos, a lo que se añade los problemas provocados por la crisis sanitario-económica”, se dice, para añadir que la dificultad para formar gobiernos de amplia base social y sólido respaldo legislativo impide aplicar agendas de reformas que son clave.

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