El Índice de Precios al Consumo (IPC) se dis­para al 4% en sep­tiem­bre, el nivel má­ximo desde 2008

Sánchez y Calviño, acorralados por la inflación, el petróleo, la electricidad y el bajo crecimiento

El ba­rril se sitúa en 80 dó­la­res, unos 20 dó­lares por en­cima de la pre­vi­sión de Sánchez

La inflación, disparada.
La inflación, disparada.

El pe­tróleo ame­naza con dis­parar aún más el precio de la luz, com­pli­cando las pro­yec­ciones de cre­ci­miento y la in­fla­ción para fi­nales de año. El ba­rril ha su­pe­rado la ba­rrera de los 80 dó­lares y Goldman Sachs anuncia que no des­carta que al­cance los 90 dó­la­res. Los pre­cios ac­tua­les, en nivel ré­cord desde hace tres años, han sor­pren­dido al Gobierno y a las pro­pias mul­ti­na­cio­nales pe­tro­le­ras, que a prin­ci­pios de año se con­for­maban con llegar a los 60 dó­la­res. A la vez, el IPC se ha dis­pa­rado en sep­tiembre y ya su­pera el 4% en tasa anual, según el INE.

El Índice de Precios al Consumo (IPC) se ha disparado hasta máximos de 13 años. Según informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística (INE), el (IPC) ha subido hasta el 4% en tasa interanual en septiembre, siete décimas por encima de la tasa registrada en agosto (3,3%). Se trata del nivel máximo desde septiembre de 2008, cuando alcanzó el 4,5%.

La creciente demanda de crudo a nivel mundial, los problemas de suministro en EEUU tras los huracanes registrados en el Golfo de México, el alivio a las restricciones de la pandemia y el aumento que está registrando el precio del gas son, en opinión de los analistas, los cuatro factores que están contribuyendo a que el barril se encuentre en los niveles actuales.

El precio del gas -uno de los elementos distorsionadores de la tarifa de la luz- se sitúa en Europa en los 65 euros el megavatio hora. Según algunos informes, el retraso de la puesta en marcha del gasoducto Nord Stream II y la falta de suministro ruso adicional están ocasionando una mayor presión al alza.

Primero, ha sido la tarifa eléctrica la que se ha disparado y ahora es el petróleo el que ha emprendido una escalada que hace meses no se esperaba en el seno del Gobierno. El Programa de Estabilidad baraja un petróleo para este año de 60,8 dólares/barril, por lo que ahora se sitúa unos 20 dólares por encima. El Ejecutivo advirtió cuando el crudo superó los 60 dólares de que, si se superan los 70 dólares, el PIB podría caer cerca de un punto. Es decir, la esperada recuperación que se espera puede truncarse por culpa del crudo.

El Banco de España analiza sus previsiones

El gobernador del Banco de España, Pablo Fernández de Cos, ha admitido que el servicio de estudios analiza si modifica las previsiones de crecimiento del PIB tras la revisión del Instituto Nacional de Estadística (INE) en el segundo trimestre del año. El organismo supervisor elevó su estimación al 6,3% para este año, una décima más que en sus anteriores previsiones de junio. Igualmente, había estimado que la economía crecerá un 5,9% en 2022, una décima también por encima respecto a la anterior.

El INE ha revisado, en cambio, a la baja el dato definitivo del segundo trimestre, considerando que en dicho periodo creció un 1,1% lo que supone 1,7 puntos porcentuales por debajo del dato adelantado por el organismo estadístico a finales de julio cuando avanzó un aumento del PIB del 2,8% para el periodo abril-junio.

Y es que, todo lo bien que les está viniendo a las petroleras para sus ingresos que el barril se dispare por encima de los 80 dólares, al Ejecutivo de Pedro Sánchez le provoca lo contrario: las cuentas se le tuercen y la inflación -el IPC de agosto alcanzó el 3,3% en términos interanuales y la anual se sitúa en el 2,2%-, comienza a tomar un rumbo preocupante. Según Funcas, durante los próximos meses se prevé que la inflación general continúe por encima del 3%.

La vicepresidenta segunda y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, estima un crecimiento de la economía para este año del 6,5% pero podría recortarse un punto si los precios del petróleo se mantienen en los niveles actuales.

El Ejecutivo ya rebajó las previsiones económicas más de tres puntos en la Actualización del Programa de Estabilidad 2021-2024 que el pasado mes de abril envió a Bruselas -lo redujo del 9,8% al 6,5%-, y tiene muy difícil cumplir dichos pronósticos por culpa del despegue que están registrando el petróleo y las tarifas eléctricas. En el Plan Presupuestario de octubre de 2020, se barajaba un precio medio del crudo par 2021 de 46,6 dólares y tuvo que revisarse hasta los 60,8 dólares. Esta previsión ha quedado totalmente obsoleta.

Por otro lado, el precio de la electricidad sigue sin controlarse pese a los recortes que el Gobierno ha realizado en el IVA, la suspensión del impuesto a la generación eléctrica y la rebaja del impuesto de la electricidad. La luz ha alcanzado en el mercado mayorista los 189,9 euros el megavatio hora, con lo que se sitúa en el nivel más caro de la historia.

La demanda dispara el precio

El aumento del barril viene motivado especialmente por la recuperación del consumo, debido a la reactivación económica que se está registrando en la Unión Europea, Estados Unidos y China. A este factor hay que añadir los huracanes que se están produciendo en el Golfo de México que han hecho subir el West Texas hasta los 76,5 dólares. En lo que va de año, el petróleo está muy por encima de la media que se registró en 2020, con un nivel 41,70 dólares. Debido a la pandemia, el barril llegó a tocar mínimos históricos de 13 dólares por la caída de la demanda en todo el mundo.

Este precio favoreció en parte al Gobierno, ya que las importaciones de crudo cayeron en 2020 estrepitosamente. Pero también resultó muy perjudicado para la recaudación debido a que ingresó mucho menos por los impuestos especiales de hidrocarburos e IVA pues la demanda de combustibles se hundió. Al disminuir el consumo, las importaciones de productos petrolíferos se redujeron en 2020 un 21,47%, según la Asociación de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP).

El queroseno de aviación fue el combustible que sufrió la mayor caída, hasta un 90% en abril y cerró el año con un descenso del 65,17%. Respecto a los combustibles de automoción, la demanda de gasolina bajó un 21%, alcanzando máximos de hasta el 78% en abril. El gasóleo registró un descenso del 9,6% respecto a 2019.

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