Los agentes del mer­cado buscan fór­mulas in­no­va­doras para con­servar a sus clientes

La inflación hiere de muerte a buena parte de los ahorros de los inversores más conservadores

La banca se plantea la vuelta a los de­pó­sitos con la anun­ciada subida de tipos

Ahorro
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El des­ajuste eco­nó­mico mun­dial ya era evi­dente antes de la in­va­sión de Ucrania, pero el con­flicto ha ve­nido a des­co­locar todo aún más. La in­fla­ción se ha dis­pa­rado po­niendo en un brete el lento des­pertar del cre­ci­miento des­pués de un largo pe­ríodo de crisis por la pan­de­mia. Eso ha de­jado con el pie cam­biado a los grandes bancos cen­tra­les, en es­pe­cial al BCE. Los in­ver­sores con­ser­va­dores temen ahora que la subida de pre­cios de al traste con sus aho­rros.

La entidad presidida por Christine Lagarde sabe que no ha llegado todavía el momento para retirar estímulos. Sin embargo, permitir que la inflación continúe desbocada puede generar un problema aún mayor y más profundo con un coste desorbitado para la Unión Europea. Es como estar entre la espada y la pared.

Pese a la situación, los analistas aseguran que “no tendrá más remedio que actuar". Esperan al menos dos subidas de tipos de interés en Europa, la primera ya para julio, coincidiendo con el final del programa de compra de bonos.

Expectativas de subidas de tipos

Los mercados monetarios están valorando actualmente unos 85 puntos básicos de subidas de tipos acumuladas por el BCE para 2022, lo cual podría estar presionando al euro. Este factor en particular es probable que influya negativamente en el precio de la moneda europea y lleva a los expertos a pensar en un probable giro en la paridad del euro/dólar.

De hecho, los fondos de cobertura ya están apostando por ello. Solo en el último mes han acumulado 7.000 millones de dólares de valor nocional en apuestas de opciones sobre la paridad.

Un escenario que también viene recogiendo el euríbor al entrar en positivo en abril después de algo más de seis años en negativo. Una recuperación que tiene distintas aristas dependiendo del cristal con que se mire. Para aquellos que tengan una hipoteca variable supondrá un inmediato encarecimiento de sus créditos.

Activos con cierta rentabilidad

Sin embargo, para los ahorradores más conservadores puede ser el final de una larga travesía en el desierto, pues su dinero volverá a ser rentable con permiso de la inflación. De hecho, la banca ya se está replanteando volver a captar activos mediante depósitos, una herramienta aparcada durante mucho tiempo.

Ya hay un banco, el Deutsche Bank por más señas, que remunera algunos de sus depósitos a plazo con entre un 0,3 y un 0,6 por ciento. Otras entidades extranjeras han anunciado también sus intenciones de hacerlo como el Banco Pichincha, EBN Bank y Renault Bank.

Tras ellos, seguramente, pronto les seguirán en cadena las entidades financieras españolas. Y no sería extraño que en no mucho tiempo se empiece a hablar de nuevo de guerra de depósitos en la que los bancos compiten por ofrecer las mejores rentabilidades para captar ahorro y clientes.

Una excelente noticia para los inversores más conservadores, muy maltratados en los últimos tiempos, sobre todo, con unos fondos de inversión en renta fija muy lejos de cumplir las expectativas en la mayoría de los casos con rentabilidades negativas.

Invertir en deuda

Todo ello ya está cambiando. Hace pocos días el Tesoro ha comenzado a ofrecer rentabilidad positiva en sus letras a un año después de mucho tiempo cobrando a cuantos colocaban su dinero en estos títulos. Por tanto, los ahorradores comenzarán a recibir alguna retribución por su dinero. No es gran cosa, ni compensa el terrible mordisco que provoca la elevada inflación, pero ya comienza a mejorar la situación.

Los analistas empiezan a pensar que ya ha llegado, o está a punto de llegar, el momento de volver a invertir en el mercado secundario de deuda pública y también en algunos plazos del mercado primario o de emisiones. Pero en estos momentos en los mercados no hay verdades absolutas.

En este caso, el gran perjudicado será el Estado que verá cómo se encarecerá la financiación de la abultada deuda pública de España, cerca del billón y medio de euros, casi un 120 por ciento del PIB.

Cada español lleva sobre sus hombros una deuda de algo más de 30.000 euros, además de las suyas propias. Y eso hay que pagarlo. Atender el servicio de la deuda pública le cuesta al país más de 30.000 millones de euros cada año.

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