Francia y Alemania si­guen sin emitir una pos­tura clara sobre la res­puesta a la guerra

La UE ofrece otra coartada a Sánchez en el cuarto aniversario de su llegada a Moncloa

El riesgo de des­abas­te­ci­miento de energía y ali­mentos apremia a Europa a ce­le­brar un con­sejo ex­tra­or­di­nario

Pedro Sánchez, en Bruselas.
Pedro Sánchez, en Bruselas.

La guerra de Ucrania ha re­vi­ta­li­zado la ali­caída Alianza Atlántica, pero corre el riesgo de di­vidir a la Unión Europea. El Consejo de Jefes de Estado y de Gobierno -a ce­le­brar en Bruselas este lunes y mar­tes, 30 y 31 de ma­yo-, con el ob­je­tivo de de­batir sobre el apoyo a Ucrania, la ener­gía, la se­gu­ridad ali­men­taria y la de­fensa de Europa, debe servir para aclarar donde está cada país en estas cues­tiones de­ter­mi­nantes para el fu­turo po­lí­tico y eco­nó­mico. Pero para Pedro Sánchez el en­cuentro brinda una dis­culpa más para evi­den­ciar su falta de pulso.

Porque las diferencias entre los Estados miembros de la UE siguen siendo tan profundas que el Consejo Europeo no decidirá hasta el próximo mes de junio si aceptan la solicitud de incorporación de Ucrania al ámbito comunitario. El retraso permitirá una vez más a Pedro Sánchez eludir dar explicaciones sobre las profundas divisiones internas de su Gobierno que aconsejan un adelanto electoral. Gobernar con unos socios en el Gobierno y en el Congreso de los Diputados que se oponen en cada proyecto de Ley no tiene justificación alguna en el sistema de democracia parlamentaria que consagra nuestra Constitución del 78.

Por lo que respecta al Consejo Europeo, aunque analistas y diplomáticos consideran que las diferencias sobre como apoyar a Ucrania mientras se da una salida a Putin, son solo de matiz, la cumbre debe servir para eliminar todas las ambigüedades en la posición común europea. Y la principal ambigüedad que hay que resolver es dejar claro que, de Bruselas, el martes 31 debe salir un apoyo inequívoco hasta conseguir la liberación total de Ucrania.

Pese a que parece lógico que así sea, una vez que se ha iniciado la investigación de eventuales crímenes de guerra por parte de Putin y su administración en los ataques lanzados contra Ucrania, este apoyo incondicional no está decidido. Los países de Europa central y los bálticos consideran que Francia y sobre todo Alemania, siguen siendo muy tibios en su apoyo directo a Ucrania con armas y dinero. Además, consideran que el plan presentado por el ministro de Exteriores de Italia es demasiado favorable a los intereses de Rusia.

Las dudas de Francia y Alemania

Antes de la celebración del Consejo las dudas se plantean sobre lo que vayan a hacer en el futuro los dos países claves de la Unión; Francia y Alemania. Los ucranianos critican las reticencias de Alemania a darles apoyo militar y a cortar su dependencia energética con Rusia.

También han recibido como un jarro de agua fría las declaraciones del ministro francés para la Unión Europea planteando el acceso de Ucrania a la Unión Europea dentro de 15 o 20 años.

Desde Kiev se considera que su condición de candidato debe ser decidida a lo más tardar en el Consejo Europeo del próximo mes de junio, pero que ya debe salir una señal clara en este consejo extraordinario. Para el Gobierno de Volodímir Zelenski cualquier retraso en el envío de esta señal a Moscú, podría interpretarse como una debilidad en el apoyo a Ucrania y una señal de que algunos países comunitarios todavía siguen deseando perdonar a Putin.

Desde Ucrania se advierte de que su futuro determinará además del futuro de otros países de su entorno, el de Europa y el de la Alianza Atlántica. Recuerdan que en el entorno del 20% del territorio de Georgia está ocupado por fuerzas rusas, que Bielorrusia entera permanece bajo ocupación rusa, además de la incertidumbre y que las amenazas constantes sobre el futuro de la independencia de Moldavia y Transnistria son un hecho.

España, al margen del apoyo genérico ofrecido por el presidente del Gobierno, no ha dejado claro si apoyará una incorporación rápida de Ucrania en la Unión Europea. Tampoco se conoce si Pedro Sánchez, pese a su reconocida inclinación por las cuestiones internacionales, defiende la aplicación del artículo 51 de Naciones Unidas sobre la responsabilidad de proteger a un Estado miembros de ataques externos.

Sánchez tendrá la oportunidad de fijar con claridad la posición de España en su intervención en el Consejo. Posición que debería negociar con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, lo que, hasta el momento, según fuentes populares no ha hecho.

El Gobierno atraviesa una profunda crisis. Las elecciones en Andalucía van a suponer una dura prueba al liderazgo de Pedro Sánchez. Los sondeos le son abiertamente adversos al candidato socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, Juan Espadas. El PSOE parece destinado a ser el gran perdedor, por debajo de los resultados de su candidata anterior, Susana Díaz, que ya perdió más del 30 % de sus votos.

Está claro que el PP ganará las elecciones, si no se produce ningún acontecimiento extraordinario antes del 19 de junio. La duda es si lo hará por debajo o por encima de los 45 escaños, lo que supondría en el último caso que él solo obtuviera más escaños que todas las izquierdas, lo que le permitiría poder gobernar sin la necesidad del apoyo explícito de VOX.

Pedro Sánchez va salir todavía más dañado electoral y políticamente de lo que ya lo está, justo antes de la cumbre OTAN en la que tanto confía para recuperar la imagen de hombre de Estado que nunca ha conseguido consolidar.

Sin margen para hacer crisis de gobierno, cada día se ve más salpicado por sus políticas de apoyo en los nacionalistas independentistas y del populismo de Podemos.

Nadie sabe qué proyecto de país tiene el presidente del Gobierno ni hacia donde vamos. Los barones tratan de desvincular su imagen de la del líder nacional señalando que ha construido un partido sin ideas, sin principios y sin más convicción que la de mantenerse en Moncloa a toda costa.

Aunque ha reiterado incesantemente que el Gobierno se mantendrá hasta el final de la legislatura cuando concluya el 2023, todo hace prever que le resultará imposible hacerlo. El próximo 1 de junio celebrará su cuarto año de mandato en Moncloa en el momento más difícil de la legislatura debido a la profunda división con sus socios de Gobierno y a los malos datos de los sondeos.

Celebradas las elecciones andaluzas y la cumbre de la OTAN, será el momento de convocar elecciones. Todos los retos que tiene que afrontar España en los próximos meses y años no se pueden superar con éxito con un Gobierno tan débil y dividido como el que lidera el todavía presidente de Gobierno.

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