No sería la pri­mera vez que el em­pre­sario francés de­jara ti­rados a aliados co­yun­tu­rales

Bolloré (Vivendi) tiene claro que el futuro de su nueva Hachette pasa por Prisa

Joseph Oughourlian y Vicente Bolloré, so­cios en Francia, es­ce­ni­fi­carán un di­vorcio en España

Grupo Prisa
Grupo Prisa

Pese a haber pa­sado la ges­tión a sus hi­jos, Vicente Bolloré sigue al frente de las riendas fa­mi­liares en Francia y en sus ne­go­cios menos co­no­cidos en España. Tras el éxito de la OPA sobre el grupo Lagardère, el his­tó­rico em­pre­sario francés (dueño efec­tivo de Vivendi) tiene sus ojos fijos en Prisa, donde se le plan­tean va­rias op­cio­nes: ne­go­ciar una alianza entre Hachette y Santillana en los mer­cados de habla his­pana; des­ha­cerse de su par­ti­ci­pa­ción del 9,9% ante la opo­si­ción de Pedro Sánchez a am­pliar al 29,9% su par­ti­ci­pa­ción; y, por en­cima de todo, de­cidir cuándo y a qué precio sigue apo­yando a Joseph Oughourlian, dueño del grupo me­diá­tico es­pañol y que fue una pieza clave en la con­quista de Lagardère.

Por regla general, Vicente Bolloré no entra en el capital de empresas, aunque solo sea con una participación simbólica, como simple figurante. Desde el primer momento en que se hizo con la dirección del grupo familiar, para entonces sin apenas dimensión, siempre actuó con precisión relojera, actuando en el momento oportuno, 'aniquilando' a sus adversarios en el momento oportuno, aunque fueran antiguos amigos y pasando olímpicamente de las llamadas “fidelidades incondicionales” .

Prueba de ello fue la estrategia desarrollada durante los dos últimos años, para hacerse con el control del grupo editorial francés Hachette, propiedad del Grupo Lagardère, donde entró en mayo de 2020, con apenas un 13,36%, y bajo el argumento de que prestaba un favor a Arnaud Lagardère, que con apenas un 17% tenía el control absoluto, pero que necesitaba dinero nuevo para hacer frente a Amber Capital, vehículo inversor de Joseph Oughourlian, que con casi el 20% exigía participar en la gestión.

En aquel crítico momento, el patrón de Vivendi fue muy sensible a la presión ejercida por el ex presidente francés Nicolas Sarkozy, que desde su salida del Palacio del Eliseo cultiva sus relaciones en los negocios editoriales y políticos: Considerado buen amigo de Arnaud Lagardère, a punto estuvo de entrar como consejero independiente en el circulo cerrado del Grupo Lagardère.

**¿A alguien le suena a deja vú en Prisa?

Para entonces, ya había quien advirtiese que dar entrada a Bolloré en Lagardère era lo mismo que abrir un corral de ovejas a lobos hambrientos. Y fue lo que ocurrió tres meses después: uniendo hasta un 43,5% en Lagardère, Bolloré y Oughourlian firmaron ante notario una alianza por 5 años, con derechos recíprocos de preferencia sobre la venta de sus respectivas participaciones. Los malos resultados del primer semestres de 2020 fueron el pretexto para la sonada ruptura: el negocio cayó un 38% hasta 2.000 millones de euros y las pérdidas ascendieron a 498 millones de euros.

El conflicto llegó a los tribunales, pero agobiado por sus problemas financieros, y ante la presión conjunta de Bolloré y Oughourlian, Arnaud Lagardère tuvo que darse por vencido tras casi dos décadas de poder absoluto. Vendió su participación a cambio de 200 millones de euros y con la renuncia expresa a la sociedad bajo la que ejercía el control, abriendo las puertas a finales de junio de 2021 del consejo a Vivendi y a Amber Capital, que ya tenían pactado lo que harían; Bolloré adquirió la participación de Oughourlian, y tras una OPA en dos tiempos, a un precio de 25 euros/acción, pasó a controlar el 57,5% del capital, y aceptando que a finales de 2023 se hará con el 42,5% restante, pagando solo 24,10 euros/acción.

Fusiones y sableos

Pero lo más difícil llega ahora. La fusión prevista de Hachette Livre y Editis, con un volumen de ventas de más de 3.100 millones (2.400 y 725 millones respectivamente), siembra el pánico en el sector, donde concentraría el 83% de la edición editorial escolar, el 78% de los libros de bolsillo, sin olvidar el 70% del negocio en las grandes superficies y el 100% en 2.000 supermercados. O sea, sumando más de una centena de grandes, medias y pequeñas editoras (Grasset, Fayard, Stock, Calman Levy, etc. por Hachette; Julliard, Plon Robert Laffont, Bordas, etc., por Editis), se da por seguro que Bruselas solo dará su “OK” a la fusión con serias restricciones.

Cabe subrayar, no obstante, que más allá de la situación del mercado editorial en Francia como en España, sumando todos los respectivos activos, Hachette Livre+ Editis seguiría siendo un enano en el mercado global de la edición. Con un volumen de negocio de 3.100 millones de euros, el grupo fusionado seguiría ocupando la misma sexta posición mundial que ya tiene Hachette Livre, lejos del líder británico Relx Grup (4.800 millones), del norteamericano Thomson (4.200 millones), o del alemán Bertelsmann (4.100 millones).

Motivos en Prisa

Aunque no le proclame a los cuatro vientos, Bolloré no entró en Prisa únicamente para apoyar Oughourlian, y también por sus buenas relaciones con Telefónica, gracias a la cual entró en Telecom Italia, a cambio de la brasileña GVT (el embrión de Vivo). Así, para cuando llegue el momento, utilizará su posición para presionar a su coyuntural aliado francés con raíces armenias y libanesas, a favor de un acercamiento entre Hachette (con o sin Editis) y Santillana, con vistas a los mercados latinoamericanos y de legua española en Estados Unidos.

Lo ya dicho: con sus genes de depredador financiero, sin mirar nada más que a su interés, Bolloré no seguirá en Prisa como un peso muerto, sin recibir nada a cambio. O sea, solo para apoyar al inversor activista de Amber Capital, con el cual tiene pocas afinidades políticas y sociales, como son la pasión por el deporte (futbol, rugby…), cultivada ostensiblemente por Oughourlian en Francia, Italia, Reino Unido, Latinoamérica y ahora también en España (Zaragoza).

Pese a ocupar la 16ª posición en el ranking de las grandes fortunas francesas, con unos 8.000 millones de euros, frente a los 136.000 millones atribuidos al “patrón” de LVMH y “rey del lujo” Bernard Arnault; los 87.000 millones de Axel Dumas (Hermes), los 73.000 millones de la Familia Bettencourt (L’Oreal), los 65.000 millones de la Familia Wertheimer (Chanel) o los 50.000 millones de Gerard Mullie (Auchan, Bolloré es “el rey del cash flow”. En setiembre 2021 introdujo Universal Music Group en bolsa, con una valorización de 45.000 millones (desde entonces perdió 12.000 millones ) y tiene ahora otra gran operación en África.

Transporte marítimo

Se trata de la venta de su imperio logístico al armador ítalo-suizo MEC, por un precio de 5.700 millones de euros. O sea 2,5 veces más que el que Bolloré tenía previsto percibir antes de la crisis del Covid-19, que puso literalmente por las nubes las tarifas de los transportes marítimos de mercancías. Para el patrón de Vivendi, era urgente limpiar su imagen, que había quedado muy dañada, cuando reconoció, ante la justicia, prácticas corruptas, favores políticos, etc., por los cuales aún deberá rendir cuentas ante el Tribunal Correccional francés.

El imperio logístico recuperado por MEC, cuya construcción llevó más de tres décadas, representa 20.000 empleos distribuidos por 42 instalaciones portuarias, 16 terminales de contenedores, etc. sin olvidar sus tres concesiones ferroviarias (Bolloré Railways) con una extensión de 2.700 kilómetros. Pero el “jubilado” Bolloré seguirá teniendo más que suficiente para entretenerse: además de la fusión Hachette Livre-Editis, del imperio mediático (Canal+, CNews, Europe1, Paris Match, Havas…), de su 24% en Telecom Italia, etc., también estará ocupado con sus explotaciones agrícolas en África, Asia y USA, y con sus viñedos en Francia.

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