TECNOLOGÍA

El cerco de China a Taiwán agrava la escasez mundial de microchips

España lanza un Perte de 12.250 mi­llones para re­bajar la de­pen­dencia

Microprocesadores, chips en la jerga común.
Microprocesadores, chips en la jerga común.

Algunos ex­pertos creen que la pre­sión ejer­cida sobre los mer­cados fi­nan­cieros por la guerra co­mer­cial entre EEUU y China, la pan­de­mia, la guerra de Ucrania y la ac­tual crisis ener­gé­tica e in­fla­cio­naria po­dría no ser nada en com­pa­ra­ción con los efectos que po­dría tener un des­abas­te­ci­miento ge­neral de mi­cro­chips. Su es­casez en los úl­timos años ha puesto en evi­dencia la alta de­pen­dencia de la eco­nomía a estos com­po­nentes elec­tró­ni­cos.

La industria automovilística ya lo viene sufriendo en sus carnes en los últimos años, obligada a parones que han llegado a durar semanas. Un solo coche incorpora más de 100 chips y la ausencia en stock de uno solo de ellos puede obligar a detener la línea de montaje.

Una situación que amenaza también a otros sectores estratégicos clave como defensa, telecomunicaciones o sanidad, muy ligados a la tecnología. La falta de un componente fundamental como los microprocesadores puede llegar a colapsar cualquier sector dependiente de la electrónica.

Alta dependencia

Un riesgo que ha tomado cuerpo con las recientes tensiones geopolíticas entre China y Taiwán tras la visita a la isla este pasado verano de la presidente del Senado norteamericano, Nancy Pelosi. En los peores momentos se llegó a producir un bloqueo de la isla por mar y aire por parte de las autoridades chinas que reclama el territorio como propio.

Al respecto, los expertos recuerdan que solo la compañía taiwanesa TSMC acapara una cuota del mercado mundial de microchips del orden del 60 %. A nadie se le puede escapar el peligro que eso supone de quedar para el control de China. Pero la preocupación no solo se centra en la dependencia de pocos proveedores. La industria se enfrenta al impacto de posibles sucesos inesperados como es la falta de agua, uno de los recursos básicos para la fabricación de chips en plena sequía mundial, o los apagones eléctricos derivados de la crisis energética.

Este desequilibrio se ve acentuado por el actual proceso de digitalización de las principales economías mundiales. Un consumo tecnológico masivo que aumenta la demanda año tras año, presionando una oferta cada vez más al límite de su capacidad. El auge de la Inteligencia Artificial acentuará este problema, cambiando las necesidades y en consecuencia las prioridades de consumo. Los problemas generados por el colapso en la cadena de suministros sufridos tras la pandemia es solo la punta del iceberg.

Industria rígida y sin conocimiento

La industria destinada a la fabricación de estos componentes no se caracteriza precisamente por su flexibilidad. Muy al contrario, la producción de micoprocesadores cada vez más complejos y de menor tamaño requiere de una constante inversión y un conocimiento poco escalable. La creación de nuevas plantas requiere de ingentes inversiones, un “know how” tecnológico de primer nivel y, en especial, de tiempo. Entre dos y cuatro años como mínimo.

Esta situación está obligando a los grandes actores internacionales a cambiar su visión sobre el modelo de suministro actual, apostando por la diversidad y la cercanía con una producción local que garantice el suministro de estos componentes.

Estados Unidos, por ejemplo, ya ha anunciado dotaciones por un importe superior a los 50.000 millones de dólares para impulsar la fabricación de estos componentes en el país. Europa, aunque siempre va más lenta, seguramente no tardará en reaccionar.

Perte de 12.250 millones para microchips

España ya ha dado un primer paso en este sentido. El Gobierno ha creado un Perte (Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica) para instalar fábricas de semiconductores. Iniciativa que contempla una inversión pública por hasta 12.250 millones de euros. Para ello será activará también una fuerte inversión privada.

Se trata de uno de los planes más ambiciosos aprobados hasta ahora por el Ejecutivo español con el que se pretende situar al país a la vanguardia en microelectrónica. Se estima que estas fábricas se empiecen a construir el año que viene, pero que no comiencen a suministrar al mercado hasta dentro tres o cuatro años, una vez que se hayan pasado todos los complejos controles de producción.

El objetivo es crear un ecosistema de desarrollo, innovación y suministros con un enjambre de empresas de suministros y auxiliares a estas plantas con lo que se podrían crear entre 60.000 y 65.000 puestos de trabajo tanto directos como indirectos. Este ambicioso plan choca, sin embargo, con la terrible sequía que viene sufriendo España y que puede complicar estos planes.

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